Un "techo de hormigón" en el empleo de las personas con discapacidad

Foto de un trabajador de Ilunion. Foto cedida por Jorge Villa

14.Abril.2015

Empleo

La escasa participación de las personas con discapacidad en el empleo es una realidad tozuda y persistente. Es cierto que hemos avanzado en los últimos años, sin embargo, nos seguimos encontrando con un “techo de hormigón” que no logramos desquebrajar del todo.

Transcurridos más de 33 años de la emblemática LISMI, valorando positivamente la importancia y la significación de la misma, nos encontramos con una realidad que no podemos por menos que calificar de insatisfactoria. Múltiples son los factores que históricamente han influido en que la participación de las personas con discapacidad en el mercado de trabajo presente una posición más negativa que la del resto de la población: la incidencia de las políticas públicas de apoyo al empleo; las reticencias y miedos de las propias personas con discapacidad y sus familias; el desconocimiento y prejuicios de las empresas; la propia configuración de la imagen social de las personas con discapacidad; etc.
 
Actualmente, además, están surgiendo nuevas realidades que pueden dificultar, aún más, el acceso y el mantenimiento del empleo en igualdad de oportunidades a las personas con discapacidad: las propias dinámicas del mercado de trabajo se están configurando cada vez más como barreras que impiden y/o limitan el acceso y mantenimiento del empleo de las personas con discapacidad y de otros colectivos vulnerables.
 
¿Cómo podemos cambiar esta realidad? ¿Qué podemos hacer para evitar que las dinámicas sociales y del mercado de trabajo nos devuelvan al “oscurantismo” laboral y social?
 
El empleo es un derecho fundamental de la persona. Aporta un valor social y un valor personal a los que no podemos ni debemos renunciar. Y, desde luego, la difícil realidad actual debe servirnos de acicate para conquistar esos espacios de participación económica y social a los que, como cualquier persona, tenemos derecho.
Una realidad configurada por diversos y múltiples factores solo se cambia abordando este problema social desde el punto de vista de las múltiples interacciones que lo caracterizan. Una respuesta parcelada y no interrelacionada, como la que se ha dado históricamente desde las políticas, programas y actuaciones que se han desarrollado, provocaría las mismas disfunciones e impacto limitado como ha ocurrido con el sistema de empleo actual.
 
Es necesario, por lo tanto, diseñar un nuevo modelo de empleo desde un enfoque holístico, con una actitud integradora y desde una visión explicativa que oriente el modelo hacia una comprensión transversal de la realidad preexistente, de la problemática identificada, del contexto social y de la realidad individual de las personas. 
Un sistema de empleo que debe ser flexible, con capacidad permanente de adaptación al momento del “ciclo de vida” en que se encuentre la persona y a la realidad de ese momento del mercado de trabajo.
 
Solo desde la coherencia interna de las políticas, medidas y acciones relativas al empleo de las personas con discapacidad -diseñadas desde un enfoque global-, y el compromiso activo, renovado y desde planteamientos de innovación social de los poderes públicos, de las empresas, de las personas con discapacidad, de sus familias y de las entidades que las representan, alcanzaremos ese cambio social tan deseado por millones de personas con discapacidad. 
Derribaremos entonces “ese techo de hormigón” construido por tiempos de desigualdad y discriminación.
 
Pepa Torres
Gerente de la Federación Empresarial Española de Asociaciones de Centros Especiales de Empleo (FEACEM)
 
*Foto cedida por Jorge Villa
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