Fuck in Progress: Un mensaje de libertad

Imagen del espectáculo

17.Junio.2016

Arte y Cultura

¿De verdad encaja lo diferente en la sociedad?¿somos realmente tolerantes? Estos son algunos de los interrogantes que se abrieron ante mi cuando finalizó el show teatral 'Fuck in progress' que Jordi Cortés presentó el viernes 27 de mayo en la sala Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional (CDN) con motivo de la VI Bienal de Arte Contemporáneo que organiza Fundación ONCE.
 
La expectación era palpable, horas antes de que comenzara el espectáculo ya se habían agotado las localizaciones, algo que no suele ocurrir muy frecuentemente. 'Fuck in progress' es una pieza teatral que mezcla la danza integrada con la interpretación y la expresión corporal. Toda la obra gira en torno al sexo con un trasfondo que nos hace pensar en la tolerancia, el respeto a nuestro cuerpo y el aceptarnos tal y como somos, tarea bastante ardua teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad en la que los medios siempre acaban imponiéndonos un canon de belleza.
 
La atmosfera de la obra nos traslada a los circos americanos de los años 30, los tiempos del cabaret y del burlesque, quizás haciendo alusión al concepto de freak show (el show de los monstruos), una época en la que las personas con particularidades físicas eran motivo de atracción para el público. Y es que, todos los integrantes de 'Fuck in progress' tienen una limitación en su cuerpo que acaban utilizando para relacionarse entre ellos y con el espacio que les rodea, haciendo que ese handicap corporal acabe desapareciendo para el espectador.
 
Hablamos de un espectáculo cargado de sensualidad, erotismo y pequeñas píldoras de humor que se entremezcla con momentos de gran carga dramática que hacen entrever a personajes que de algún modo u otro viven atormentados. Uno de los grandes atractivos de la obra reside en que los protagonistas no hablan con la boca (salvo en algún pequeño momento) sino con el cuerpo. 
 
Durante una hora y veinticinco minutos asistimos con fascinación a un show en el que el trabajo físico de sus actores es digno de alabar; con sus cuerpos nos hacen reír y llorar, a través de él son capaces de trasladarnos angustia, sensación de represión, pero también libertad y esperanza. Un carrusel de emociones en el que lo surrealista se vuelve muy concreto y que acaba conectando con el alma de los espectadores.
 
Por otra parte, la obra de Jordi Cortés, tiene como eje central un tema que aún a día de hoy sigue siendo bastante delicado: el sexo. Parece que vivimos en una época de absoluta liberación sexual pero la sociedad aún no concibe la relación entre personas con discapacidad y sexo. Es un tabú que muy poco se trata en círculos abiertos y que solemos ver con bastante prejuicio. Precisamente por ello, los protagonistas de 'Fuck in progress' utilizan sus genitales como una parte esencial en sus coreografías, quieren hacernos entender que están vivos, que una discapacidad no tiene por qué impedir una vida sexual plena, que todos somos capaces de dar y recibir placer. Y a veces, esto se muestra en la pieza con una cierta agresividad un tanto incómoda pero necesaria, porque al final el arte consiste en eso: comunicar, transmitir un mensaje a través de las emociones, y a lo largo de la obra esta premisa se cumple a rajatabla.
 
En definitiva, 'Fuck in progress' sólo puede tener una calificación: brillante. Porque sobre todo es un ejercicio de empatía y de apertura de ojos. Porque al final todos tenemos nuestras particularidades físicas, ya sea aquellas que nos limitan o aquellas que nos hacen sentir acomplejados. Cuando salimos de la sala y digerimos todo lo que hemos visto y sentido sólo nos queda darnos cuenta de lo importante que es quererse a uno mismo para poder sentirse libre tanto contigo como en tu relación con las demás personas.
 
Javier González
Periodista
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