Mediador, un trabajo apasionante y sin rutina

Joven con sordoceguera con su mediadora

07.Julio.2017

Accesibilidad Universal

Un día más, suena el despertador y para muchos empieza la rutina, pero no para los mediadores de personas sordociegas como yo, ya que todos  los días son diferentes. Al salir de casa tengo que pensar a qué centro, colegio o residencia toca ir, lo que influirá también en la hora a la que debo poner el despertador. 
 
Los mediadores cubrimos todo tipo de centros: colegios, universidades, residencias, centros ocupacionales, domicilios... Donde haya una persona sordociega y se solicite mediación, allí estaremos, siempre para intentar integrarla. Y todos estos lugares tienen sus peculiaridades, y a todos nos tenemos que adaptar, desempeñando tareas que van desde enseñar a escribir, hasta a caminar, utilizar el andador, vestirse o comer.  
 
En muchos sitios al vernos aparecer, hablan entre ellos, y dicen que ya ha llegado “el de la ONCE”, ya que les cuesta diferenciar, que nosotros pertenecemos a FOAPS (Fundación ONCE para la Atención de Personas Sordociegas). En muchos centros, somos el único personal externo que está allí. 
 
Los inicios no en todos los sitios son sencillos, ya que  aunque nuestra función sea ayudar, no a todo el mundo le gusta que estemos durante el desempeño de su trabajo. Pero esos centros en los que más cuesta entrar, son luego de los que más cuesta salir, porque no quieren que te vayas y solicitan más horas. 
 
En nuestro trabajo es muy importante  crear un vínculo con la persona sordociega, para que confíe en todo lo que le propones y le dices, pero también con quienes le rodean, ya que  nuestra función es servir como modelo de comunicación a los que intervienen con las personas con sordoceguera.
 
Es muy curioso lo que nos ocurre tanto en los colegios, como en las residencias. Cuando llegas y no te conocen, muchos te preguntan si eres el padre o la madre del niño sordociego o el hijo del anciano con la misma discapacidad, ya que no saben qué haces en clase o en el centro, ni para qué estás allí.. 
 
Una parte fundamental en nuestro día a día, es la adaptación de materiales, que se hace en función del resto visual y capacidad cognitiva del usuario y que consiste, por ejemplo, en ampliar el tamaño de la letra impresa, transcribir a braille el texto, o en colocar marcas o texturas diferentes en juegos. Pero  no en todos los centros tienes herramientas con las que adaptar, por lo que siempre hay que llevar en la mochila, un cúter, velcro, texturas, pegamento, tijeras...
 
En cualquier caso, nuestra tarea principal es trabajar la comunicación de la persona sordociega, bien iniciándola, bien adaptándola a su pérdida visual y/o auditiva. Para un mediador, no hay nada más bonito que conseguir que un niño haga su primer signo. Nos pasa como a los padres cuando escuchan la primera vez que le dicen “mamá o “papá” (aunque a nosotros el primer signo que nos hagan sea comer, casa o columpio),  que nos da una gran alegría.
 
El trabajo del mediador no es tan visible como el del intérprete, a quien la gente sí está acostumbrada a ver en acción. De hecho, es en muchas ocasiones invisible, porque el protagonista es la persona sordociega. A veces somos tan invisibles, que  los compañeros del alumno sordociego durante un examen se olvidan de que estás ahí o te ven como uno más y te ponen en un compromiso, cuando ves cómo  se sacan una chuleta y tú no sabes dónde meterte. 
 
Este es nuestro día a día, aunque duro, es un trabajo apasionante, ya que no hay nada más bonito que ayudar a otras personas.
 
 
 
n mediador de la FOAPS
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