El juego como puente de inclusión
El juego es una herramienta fundamental en el desarrollo académico, personal y social de los menores, ya que les permite explorar el entorno, comprender las relaciones sociales y desarrollar habilidades cognitivas, motrices y socioemocionales como la memoria, la atención, la coordinación, la toma de decisiones, la cooperación y la gestión de la frustración.
Además, no es solo una actividad de ocio, sino también un derecho de todos los menores, incluidos aquellos con discapacidad, por lo que debe garantizarse su acceso en igualdad de condiciones, eliminando barreras físicas, sensoriales, comunicativas y sociales.
Sin embargo, en el Departamento de Educación de FAMMA trabajamos con menores con discapacidad y hemos observado que todavía existen alumnos que encuentran dificultades en espacios de juego como los parques infantiles, donde hay barreras arquitectónicas, falta de elementos adaptados o escasa inclusión con otros iguales. Esto limita su participación y reduce sus oportunidades de interacción social, aprendizaje y disfrute.
Desde una perspectiva evolutiva, consideramos necesario entender el juego a través de distintas etapas, como las propuestas por Piaget: el juego sensoriomotor, el juego simbólico y el juego constructivo. En FAMMA trabajamos con menores con discapacidad física y/u orgánica, por lo que estas etapas no deben asociarse a una edad concreta, sino al momento de desarrollo de cada niño, atendiendo a su ritmo de aprendizaje y a sus necesidades de apoyo.
El juego sensoriomotor se basa en la exploración del entorno y la relación causa-efecto; el simbólico, en la imaginación, la imitación y los roles, y el constructivo, en la planificación, la resolución de problemas y la cooperación. En cada etapa, adaptamos la intervención para favorecer la participación del menor según sus capacidades.
Por ello, consideramos imprescindible que haya una intervención educativa individualizada que tenga en cuenta el momento evolutivo, el nivel de comunicación, las capacidades motoras y la autonomía de cada menor. Asimismo, es clave adecuar los materiales y apoyos, actuar como mediador del juego, ajustar las actividades a los intereses personales y utilizar el refuerzo positivo para favorecer la motivación.
Además, es fundamental apostar por juegos inclusivos y accesibles como deportes adaptados (baloncesto en silla de ruedas, fútbol adaptado o boccia), juguetes de empresas como Hop’Toys o LEGO, juegos de mesa ergonómicos, juegos de construcción con velcro o imanes y actividades digitales como ARASAAC, Switch Control, Wordwall o ABC Kids, que facilitan la participación y el aprendizaje.
En conclusión, el juego es un puente de aprendizaje y un derecho fundamental, y desde FAMMA trabajamos para garantizar que todos los menores puedan participar, aprender y disfrutar en igualdad de condiciones, sin ningún tipo de barrera.
Javier Font,
presidente de FAMMA-Cocemfe Madrid.
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