La zambullida que cambió mi vida

Enrique en silla de ruedas con su hijo sentado encima

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08 Julio, 2022

Historias personales

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Aquel 7 de julio de 2009 siempre lo recordaré como el día que cambió mi vida por una mala decisión tomada. Por aquel entonces era un chico de 29 años, sano, deportista, con muchas ganas de vivir y con mi puesto de trabajo como Ingeniero de Montes en la Consejería de Medio Ambiente.

Un día decidimos los compañeros de trabajo que iríamos a pescar cangrejos a un río. Salimos del trabajo y nos fuimos a pasar el día allí. En un momento dado decidimos bañarnos en el río. Era un río que yo desconocía, era la primera vez que iba y en un segundo de tiempo pasó lo que daría un giro de 180 grados a mi vida y la cambiaría completamente. Decidí meterme en el agua del río tirándome de cabeza, golpeé con la cabeza en una roca, del fuerte impacto sobre ella se me giró el cuello de manera brusca y en ese momento se me paralizó el cuerpo, no podía moverme. Mis compañeros me sacaron del río y me di cuenta de que no podía mover ni brazos ni piernas; fui consciente de que había cometido un grave error.

Un helicóptero fue a buscarme y me llevó al hospital más cercano. Me hicieron pruebas y me dijeron que en el impacto con la cabeza en la roca del río se me había girado el cuello y como resultado se me rompieron tres vértebras cervicales y se había producido una lesión medular. Como consecuencia de la imprudencia cometida me había convertido en una persona tetrapléjica y tendría que pasar el resto de mi vida en silla de ruedas.

Mi estancia en la UCI fue durísima, no paraba de preguntarme porqué me tiré de cabeza. El médico me dijo que me iban a trasladar al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.

La llegada al Hospital de Toledo fue muy dura desde el punto de vista emocional. Pasé nueve meses de rehabilitación en el hospital. Lo peor de todo ya no es solo que no pueda andar, a esto hay que sumar los dolores neuropáticos desagradables e intensos que tengo, espasticidad por todo el cuerpo, no puedo hacer mis necesidades de manera voluntaria, ya que al perder la sensibilidad de todo mi cuerpo he perdido el control de los esfínteres y para poder orinar necesito realizar cuatro sondajes diarios. Tengo que tomarme diez pastillas diarias. No puedo hacer transferencias de la silla a la cama ni de la cama a la silla, por lo que necesito que otra persona me ayude tanto para eso como para vestirme y para el aseo personal. Me he convertido en una persona dependiente y siempre necesitaré ayuda de terceras personas.

Lo que pretendo es concienciar a la gente a que siempre tenga mucha prudencia cuando se vaya a bañar tanto en ríos, como playas, piscinas o pantanos. Antes de meteros en el agua pensad bien cómo hacerlo y aseguraros de que no existe ningún peligro. Tirarse de cabeza siempre va a suponer una imprudencia, te puedes jugar la vida y puedes quedarte el resto de tu vida en silla de ruedas.

 

Enrique Rodríguez Salinero

 

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