Los primeros pasos de una vida especial
José María nació en agosto de 1995 y desde el principio fue un niño alegre y sonriente que nos llenó de felicidad. Sus primeros pasos, con apenas un año, simbolizaron lo que sería su vida: cada pequeño logro se convertiría en una gran victoria.
A los dos años, empezamos a preocuparnos: no hablaba y apenas se relacionaba. Tras un proceso de incertidumbre llegó el diagnóstico de Trastorno del Espectro del Autismo (TEA). Fueron años difíciles, marcados por la frustración y la falta de comunicación, pero poco a poco encontró su forma de expresarse a través de gestos.
El gran avance llegó en Autismo Sevilla con el uso de pictogramas, que le ayudaron a comprender el mundo y a ganar seguridad. Con el tiempo, recuperó el lenguaje y fue desarrollando autonomía en su día a día, logrando hitos como vestirse o comer solo.
Desde pequeño utilizó el dibujo como herramienta para entender su entorno. Sus viñetas se convirtieron en agendas visuales que luego evolucionaron hacia escritos, donde plasmaba pensamientos y secuencias. Hoy se comunica con mayor facilidad y mantiene una gran curiosidad por aprender.
José María disfruta de las cosas sencillas: la playa, la música, los paseos o sus aficiones como ordenar objetos o ver vídeos. También encuentra alegría en viajar, destacando su experiencia en Disneyland París.
Su trayectoria educativa estuvo marcada por el esfuerzo y la constancia, pero también por una vida llena de tradiciones y celebraciones familiares, que vive con ilusión cada año.
Nada de esto se entiende sin nosotros, su familia: sus padres, su hermano y sus seres queridos han sido su apoyo constante, construyendo a su alrededor una red de cariño y comprensión.
Hoy, con casi 30 años, José María es un adulto que necesita estructura y estabilidad. Miramos al futuro con una preocupación compartida por muchas otras familias: garantizarle una vida digna, en un entorno donde pueda ser comprendido, respetado y feliz. Ese es nuestro mayor deseo.
Rocío Rebollo

