Cambió mi vida para siempre
Mi nombre es Santiago Rivera López, tengo 31 años y una decisión tomada en unos segundos, cambió mi vida para siempre.
Lo que iba a ser un día de vacaciones con mi pareja y un grupo de amigos en un lugar tan espectacular como las islas Cíes, acabó convirtiéndose en el inicio de una nueva realidad.
No recuerdo mucho ese día, me lo contaron, pero sí tengo grabada la fecha que nunca olvidaré: el 20 de junio de 2018. El día anterior me había lanzado al mar desde un acantilado y la experiencia había sido fantástica. Quise repetirla sin comprobar que las condiciones eran distintas. No me fijé que la marea estaba más baja y que el agua no tenía profundidad suficiente. Al lanzarme al mar, me golpeé la cabeza contra la arena del fondo.
A partir de ese momento, no recuerdo nada, me lo contaron quienes estaban conmigo. Mis amigos vieron que movía los brazos sin conseguir sacar la cabeza del agua y, al darse cuenta de que algo iba mal, se lanzaron inmediatamente a rescatarme. Me llevaron hasta la orilla, donde tuve la enorme suerte de que hubiera una enfermera en la playa. Ella me practicó los primeros auxilios hasta la llegada del helicóptero medicalizado que me trasladó al hospital.
El impacto me provocó una lesión medular a la altura de las vértebras C5 y C6, causándome una tetraplejia que me impide mover brazos y piernas y hace que necesite apoyo de otra persona para realizar las actividades cotidianas.
Pasé un año ingresado en el hospital. Allí tuve que volver a aprender tareas tan básicas como comer, asearme o desenvolverme en el día a día. Después ingresé durante otro año en el Centro de Promoción de la Autonomía Personal del Imserso, en Bergondo, donde continué mi proceso de rehabilitación y adaptación. La llegada de la pandemia hizo que regresara a mi casa, en Ordes, después de casi dos años fuera.
Hoy, ocho años después, sigo reconstruyendo mi vida. Puedo contar mi historia, pero muchas personas que sufren accidentes como el mío no tienen esa oportunidad.
Por eso quiero compartir mi experiencia para concienciar, porque lo que me pasó a mí le puede pasar a cualquier otra persona. Un gesto que parece inofensivo puede tener consecuencias irreversibles. Una zambullida en el mar, en un río o en una piscina nunca debería hacerse sin comprobar antes la profundidad del agua y las condiciones del lugar.
Tened precaución y disfrutad del verano.
Santiago Rivera López
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