¡Hasta el infinito y más allá!

Imagen de Sonia interviniendo en un evento online sobre voluntariado

05.Diciembre.2020

Voluntariado

Me llamo Sonia, soy orientadora escolar y madre de tres hijos: uno de 11 años con Asperger, una de 15 y otra de 18. Allá por marzo de 2020, la vida se paró para todos nosotros y tuvimos que quedarnos en casa porque un ente minúsculo y devastador estaba mermando la población mundial a pasos agigantados.

No sabíamos, y seguimos sin saber, quién podía contagiarlo y quién no, porque hay gente contagiosa que no presenta síntomas. Surgió la paranoia y el estrés generalizado contra los que había que combatir con uñas y dientes...Y surgió, de la desesperación, la maravillosa luz en la oscuridad de los actos desinteresados de ayuda humanitaria.

Dentro de la extraña y peligrosa situación que nos estaba tocando vivir, me enteré de que podía aportar mi granito de arena haciendo algún voluntariado para ayudar a los que estaban peor que yo y decidí repartir comida en uno de los colegios cercanos a mi casa. Pero ya había mucha gente apuntada a esa actividad y sólo fui tres días. Aquello despertó en mí la necesidad de afrontar la adversidad arrimando el codo a los demás y me puse en contacto con Fundación ONCE, al ver que tenía un voluntariado para elaborar batas para el personal que atendía a personas dependientes en residencias y centros de día. Puse una hora o dos al día para hacer las batas.

Al principio las hacía yo sola y unía las mangas con celo del ancho. Como se creó un chat con otros voluntarios, poco a poco aprendí a unirlo con la plancha del pelo y quedaba estupendo. Al poco se unió mi marido a hacer las batas y pasábamos buenos momentos hablando y escuchando música mientras las hacíamos. Hicimos muchas, muchas batas, más de 200, y a cada bata que hacíamos más cerca me sentía de aquellos a los que estaba ayudando a protegerse, de una forma metafórica, claro.

Acabó el confinamiento y acabaron las batas, pero no así las necesidades de atención social y ayuda humanitaria, con lo que busqué otra actividad para seguir colaborando con Fundación ONCE. Colaboré publicando materiales para niños y familias en un blog, actividad que finalizó en verano.

La última actividad maravillosa que he hecho está dentro de un proyecto que han creado que se llama ‘En tus zapatos’ y consiste en intentar hacer una actividad compartida con una persona con discapacidad que te permita ver y comprender las cosas como ellos las ven y comprenden, empatizando a tope.

Elegí una actividad de lectura compartida y resumen de un texto con una fantástica persona con discapacidad intelectual. Realizarla me enseñó a comprender lo poco adaptadas que están algunas lecturas para que puedan acceder a ellas estas personas. Leía bien el texto, pero le costaba comprender la historia porque el autor era demasiado descriptivo y utilizaba muchas metáforas, no iba al grano ni contaba directamente lo que estaba pasando.

Compartimos estrategias para resumir, en eso consistía realmente la actividad, y ella en teoría empleaba buenas estrategias, el problema estaba en las partes del texto a las que daba importancia y su interpretación de los mismos.

La experiencia fue muy bonita y enriquecedora, sigo buceando en las ofertas de voluntariado para continuar navegando en el enriquecedor mar de vivencias y aprendizajes  de Fundación ONCE.

¡Hasta el infinito y más allá!

Sonia Gómez Menchón,

voluntaria de Fundación ONCE

 

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