Cáncer y pandemia COVID-19

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04.Febrero.2021

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Hace un año lejos estábamos de sospechar todo lo que ocurriría a lo largo del año 2020. La pandemia COVID-19 ha irrumpido en el mundo entero obligando a una adaptación en nuestra forma de relacionarnos con los demás a nivel personal y profesional.

En 2020, los centros hospitalarios se convirtieron en el foco de atención debido al colapso que sufrieron ante la altísima incidencia de contagios por SARS CoV-2 que requerían soporte hospitalario. Los hospitales se convirtieron en centros de atención a pacientes con COVID-19 y solo la actividad de algunas especialidades se mantuvo. Entre ellas, la atención de pacientes con cáncer.

A lo largo del año, de acuerdo a la situación epidemiológica, la vivencia de la pandemia en los pacientes y profesionales fue diferente. Durante la primera ola, la incertidumbre y el miedo fueron protagonistas. Para nosotros, se trataba de una enfermedad desconocida que nos obligaba a estudiar y aprender día a día de la literatura científica y de nuestros compañeros.

Pero, además, el impacto de este virus sobre los pacientes con cáncer también era una incógnita hasta que, desde grupos de colaboración nacional e internacional, pudimos ir recibiendo información sobre el efecto del SARS CoV-2 en esta población de pacientes y tomando decisiones terapéuticas con más certeza.

La individualización del beneficio y riesgo de cada tratamiento oncológico ha sido clave, así como complementar la cita presencial con la cita telemática y reducir los tiempos de espera dentro de los hospitales para citación, recogida de medicación, etc.

La alta dependencia de los pacientes con cáncer por los centros hospitalarios los ha convertido en principales afectados por esta pandemia COVID-19. El temor al que se han enfrentado los pacientes, cuando ya lo estaban haciendo frente a una enfermedad tan seria como la que padecen, ha sido considerable. Con gran responsabilidad, se han adaptado a las nuevas directrices de los hospitales para cumplir con el tratamiento y no perder la continuidad asistencial.

El gran reto que vamos a vivir a partir de ahora y que es importante poner sobre la mesa será recuperar todo lo que se ha visto afectado por la atención prioritaria de toda enfermedad relacionada con COVID-19. Ya tenemos datos objetivos que indican un descenso del 21% de nuevos diagnósticos de cáncer, ya sea por interrupción de pruebas de cribado, retrasos de pruebas diagnósticas o de consulta de síntomas sospechosos a centros sanitarios por miedo al contagio por SARS CoV-2.  

 

 

Dra. Teresa Alonso, secretaria científica

de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)

 

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