¿A quién le he robado el fuego?

persona de espaldas con cabello rizado y rojizo que mira  hacia un paisaje de montañas parcialmente cubiertas de nieve

editor

13 Enero, 2026

Historias personales

Este gusano carroñero lleva más de 23 años devorándome, como el águila que cada noche engullía las entrañas de Prometeo atado a la roca por haber robado el fuego a Zeus.

Me duele que se banalice sobre el tema con expresiones como "estoy depre", "tienes que animarte", "haz un esfuerzo", "de baja y en la playa", y un sin fin de cuchilladas que empeoran mi situación y que, pese a la zozobra que siento desde el momento en que decidí ponerle palabras a mi depresión, me empujan a visibilizarla.

Una depresión es una enfermedad que te vacía: no sientes nada, no quieres nada, no comes, nada te gusta, nada te apetece, nada te motiva, pero tienes que levantarte, ducharte, vestirte, salir a la calle, hablar, comer, estar. Es como una anemia mental.

Mi sensación es de cansancio, siempre cansada, siempre tirando del carro para llevar una vida "normal". Los planes me agotan: una comida de amigas, cerámica, ese curso tan interesante, ir a ver a mi madre; ¡ufff, no puedo!, necesito no tener nada que hacer. Todo es tener que, nada fluye, nada es fácil. "Pero si son todo planazos", dirás; para mí son obligaciones, todo lo que conlleve hacer supone pensar en que tengo que hacer, me genera ansiedad.

El domingo no se disfruta, se sufre y no es el trabajo, me gusta trabajar, es el ir a trabajar, salir todos los días de casa, los horarios, es un tener que con mayúsculas. Cada día es una montaña y hasta el viernes no respiro, pero el domingo vuelvo a ahogarme. Soy como Sísifo cargando con la piedra hasta la cima una y otra vez. Desde que teletrabajo un par de días el peso es mucho menor; si al día siguiente trabajo en casa, vuelvo a tener domingos.

La última vez que toqué fondo mis ideas tanáticas me llevaron al hospital. Fue cuando empezó mi relación con la Asociación Aragonesa Pro Salud Mental (ASAPME). Seis meses tan horribles de inmenso dolor, vacío, silencio, desesperación, derrota y la nada absoluta para dar con el tratamiento y empezar a ver un poco de luz al final del túnel. Desde entonces tengo MIEDO, miedo a que el monstruo despierte, es un volcán latente que puede entrar en erupción, una amenaza, pánico ante cualquier atisbo de recaída; lloro como una niña, me encojo, me metería debajo de la cama: es un miedo paralizante.

Hace poco me llegó un regalo con la metáfora perfecta para mi vida. Mi vida sigue, es el punto y coma utilizado por los escritores cuando una frase podría haber terminado, pero la continúan. El escritor soy yo y la frase es mi vida.

Ana Cansado.

 

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