Ciencia y discapacidad, dos realidades muy compatibles

Foto de Enrique en su centro de trabajo del CSIC

16.Noviembre.2018

Formación

El mundo de la ciencia tiene una relación muy particular con el resto de la sociedad. Todos saben, o al menos intuyen, la necesidad de invertir en ciencia para no detener el progreso, pero, a la vez, los científicos dan la impresión de pertenecer a un selecto e inaccesible grupo de privilegiados que escapan al control de los demás. 
 
En ese ámbito podría suponerse que el colectivo de personas con discapacidad tiene poco que aportar, dadas las excepcionales dificultades y obstáculos que tienen que superar los científicos antes de disfrutar de una posición estable. La carrera investigadora se caracteriza por ser muy vocacional y con un grado de especificidad muy alto en sus requerimientos formativos, lo cual tampoco ayuda a la integración de nuestro colectivo.
 
No obstante, esta impresión se muestra totalmente errónea cuando se somete a un minucioso examen tanto teórico como práctico. La ciencia actual cuenta también entre sus rasgos más notables con un elevado grado de especialización y colaboración que exige que no se pueda renunciar a la mínima muestra de talento. 
 
Los grupos científicos actuales que acometen proyectos internacionales grandes cuentan entre sus miembros con muchos perfiles y aptitudes. Por poner un ejemplo, no disponer de una funcionalidad sensorial completa para hacer una toma de datos no impide a un investigador ciego poder aportar soluciones e interpretaciones en otros eslabones del proceso científico. 
 
Esto se está revelando muy cierto con los estudios que se están llevando a cabo entre distintos centros investigadores y que muestran que tanto el grado de satisfacción colectivo como la productividad científica, algo que se mide en término de número de publicaciones en revistas científicas y su impacto, se ve sensiblemente mejorado cuando se fomenta la diversidad. 
 
Las personas con discapacidad aportan puntos de vista diferentes y experiencias personales que enriquecen un trabajo con aptitudes y perspectivas muy distintas a las del resto de la sociedad, aumentando aspectos tan claves como la creatividad en la solución de problemas.
 
A pesar del necesario empujón que hace falta por parte de la administración pública para apoyar la integración en todos los ámbitos, reforzada por una innegable justicia ética, no cabe duda de que a largo plazo esa apuesta se verá más que justificada por la evidente mejora de los resultados obtenidos en el ámbito científico.
 
 
Enrique Pérez Montero,
 Investigador científico del CSIC 
y afiliado a la ONCE
 
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