Tengo que seguir luchando

Imagen de una mano morada un poco despintada y a su izquierda este texto: 25 de noviembre. Día Internacional contra la Violencia de Género

25.Noviembre.2018

Historias personales

Desde los nueve años estuve en un hogar para niñas en un pueblo de mi ciudad. Crecí allí. 
 
Desde los nueve años estuve en un hogar para niñas en un pueblo de mi ciudad. Crecí allí. 
 
A los 15 años me trasladaron a la capital a un CPM (Centro de Protección de Menores); allí permanecí hasta mi mayoría de edad. 
 
Siempre he tenido problemas para estudiar y de conducta, pero logré sacarme secundaria con un PCPI de Cocina.
 
Cuando cumplí los 18 años, me ofrecieron un piso de mayoría de edad en otra ciudad y seguir estudiando, pero ya estaba con el padre de mi hija, y decidí irme a vivir con él y su familia.
 
Al principio, todo iba bien, pero a los dos meses me quedé embarazada y cuando nació mi hija ya no podíamos vivir en casa de sus padres. Tuvimos que ocupar una casa, sé que no estaba bien, pero no teníamos trabajo ni nada.
Y empezó todo a complicarse. Él comenzó a tener celos, primero me gritaba y me insultaba, pero un día me pegó.
 
Se iba y volvía pidiéndome perdón, así fue muchas veces, Su madre me decía que todo el mundo discutía, que él estaba agobiado.
 
Empecé a buscar trabajo; mi educadora puso en mi CV que tenía Discapacidad. También me dio de alta en Portalento
 
Comencé a trabajar limpiando en un Centro Especial de Empleo; yo no sabía qué era, pero me contrataron por mi discapacidad., Mi niña tenía 4 meses y la tuve que meter en la guardería.
 
Los celos de él crecieron, hasta el punto de pegarme una paliza delante de mi niña y hacerme mucho daño.
 
Tenía miedo, pero denuncié.
 
Me dieron una orden de alejamiento. Él se saltó varias veces la orden de alejamiento y cumple condena en la cárcel porque me volvió a agredir.
 
Yo seguí trabajando. Mis educadoras me ayudaban para quedarse con la niña y yo poder trabajar. Hicimos un contrato de alquiler social, y he podido comenzar a vivir. Acudí a terapias en el Instituto de la Mujer y eso también me ayudó.
 
Como tenía media jornada limpiando, al medio día empecé de pinche en un restaurante, y lo compaginé. Y ahora mismo solo estoy en el restaurante. 
 
Gracias a esa empresa de limpieza, nadie me quitó a mi hija.
 
Me queda mucho por mejorar y aprender, pero tengo que seguir luchando, para darle un futuro a Manuela. (esa es mi hija). He podido comprar mis muebles, comprarle unas gafas a Manuela. Compro mi comida y nuestra ropa. Mi hija tiene sus juguetes, y muchas cosas que yo no tuve.
 
Sé que necesito cambiar de trabajo, porque paso con Manuela poco tiempo en casa y ella me necesita. Si yo no trabajara no podría vivir de las ayudas estando sola con ella, porque no tengo a nadie. Pero tiene que ser poco a poco.
 
G.M.D.
 
 
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