Yo no elegí

Imagen en blanco y negro de una chica tumbada en la cama

25.Noviembre.2018

Historias personales

Me costó pasar por dos relaciones de maltrato, huir de mi país natal por miedo y sobretodo muchas horas de psicólogo para darme cuenta de que yo soy una mujer maltratada.
 
El pensamiento que más pesaba en mi mente era: “en mi casa no hay maltrato. Mi padre no maltrata a mi madre”. Da igual. No tiene porqué haber maltrato en tu casa para que tú sufras violencia.
 
La sociedad nos ha contado por años que el maltrato es casi “genético”; te buscas un hombre que te maltrate porque tu padre maltrataba a tu madre. Pues no es así, en cualquier momento puedes convertirte en víctima de la violencia machista.
 
Yo no elegí ser víctima. No elegí que me retorcieran el brazo hasta que me pusiera de rodillas para pedir perdón a mi pareja con la que compartía mi vida y mi casa. No elegí que me sacara al rellano de mi apartamento en bragas donde los vecinos podían verme. No elegí que me pegara con la correa del perro. No elegí que cada tarde, cuando ya estaba alcoholizado decidiera amenazarme de muerte. Yo no lo elegí.
 
Tampoco elegí tener una discapacidad. Una discapacidad que hace que no pueda levantarme algunos días de la cama, que necesite que me ayuden a vestirme o incluso ducharme y lavarme la cabeza. Que necesite que me abran las botellas de agua porque los tapones son una barrera terrible, o incluso alguien que entienda que no puedo tener un trabajo normal.
 
Pero por fin entendí que desgraciadamente, mi discapacidad me hace vulnerable. Vulnerable porque siento que necesito a alguien, que no soy independiente. Que nadie me querrá. Que no merezco ser querida porque tengo “un defecto de fábrica”, tengo una “tara”. Vulnerable a dejarme tratar mal, a ser maltratada y ser victima de la violencia machista.
 
Y cuando ya tenía claro que soy una mujer maltratada, y entendí el por qué, me volvió a pasar. Y me volví a poner en esa situación en la que mi autoestima me dijo que no conseguiría a nadie como él porque no lo merezco.
 
Ahora trabajo en recuperarme, en encontrar una nueva vida, en distanciarme de mi maltratador. Ahora conozco a Fundación ONCE, donde me aceptan como soy, con mi discapacidad y entendiendo mi miedo como mujer maltratada.
 
Desde el primer día Fundación ONCE me ha ayudado a formarme para volver a recuperar la autoestima que estos hombres me han robado; a darme cuenta de que puedo tener un empleo, porque en menos de un mes ellos me han presentado a tres puestos de trabajo y que en un solo día he pasado tres entrevistas para un trabajo porque mi perfil es el adecuado, aunque todos esos hombres me digan que no valgo para nada y mi discapacidad me haga pensar que no puedo. Fundación ONCE no solo me dice que puedo, me lo demuestra con su apoyo.
 
Pilu Delgado
 
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