Lección de vida

Imagen de alumnos del curso en un taller artístico

07.Junio.2019

Formación

Recuerdo aquel lunes de octubre. Aparentemente un lunes cualquiera; la agenda cuajada de pequeñas reuniones cortas; estudiantes con dudas para el test del día siguiente; y un montón de correos electrónicos por responder. 
 
Ellos llegaron a media mañana. Se incorporaban a nuestra Escuela Politécnica quince chicas y chicos, ilusionados porque comenzaban sus clases en la Universidad, dentro del Título Propio en Consultor de Accesibilidad Universal.  
 
Cuando los vi por primera vez ya esperaban en la que sería su aula de referencia en la Escuela. Conmigo debían rellenar un cuestionario básico con sus datos, necesarios para dar de alta su expediente en la base de datos de la Universidad. Desde aquel primer momento me ganaron por su curiosidad, por su manera especialmente meticulosa de preguntar el porqué y el para qué de todo. Nada debe darse por supuesto. El tiempo pasa para ellos de otra manera. La tarea para la que en la agenda había asignado quince minutos me había llevado más de cuarenta y cinco… y sin embargo…. ¡qué lección de vida!... cada línea del cuestionario podía convertirse en excusa para compartir una anécdota o para preguntar y aprender algo. Entré en el aula con prisa y salí despacio. 
 
Desde entonces han pasado nueve meses. Se han mezclado con nuestros alumnos de grado y postgrado. Los recuerdo trabajando con ellos en clase de dibujo, fotografía o proyectos. Los recuerdo bajando en volandas la silla de ruedas de una compañera durante el simulacro de incendios, convirtiendo en accesibles para ella, escaleras que no lo eran. Los recuerdo riendo en los pasillos y construyendo maquetas en el laboratorio; su tranquilidad contrastaba con la inquietud de los profesores que los recibían en clase por primera vez y que sin excepción se tornaba en gratitud. Recuerdo la emoción de toda la Escuela el día en que se graduaron; y de los días previos, grabando el video con los que habían sido sus compañeros; preparando varias sorpresas, cada uno aportando lo mejor de sí… 
 
En las encuestas docentes nos dicen que han aprendido. Saben más de accesibilidad, de normativa…; interpretan y dibujan planos a escala; pueden simplificar textos… Pero seguramente hemos aprendido más nosotros de ellos. A mí me han enseñado a disfrutar un poco más del camino. Han rescatado de mi memoria la historia de Momo y los hombres grises que se alimentaban del tiempo que ahorramos los humanos… ¿a dónde va ese tiempo que ahorramos? 
 
GRACIAS, queridos alumnos, por la generosidad con la que compartís vuestro tiempo.
 
 
María Concepción Pérez Gutiérrez
Dra Arquitecta profesora de Análisis de Estructuras
Secretaria Académica EPS USP CEU
 
 
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