La artritis (solo) me acompaña

Imagen de Virginia en uno de los patios de la Alhambra de Granada

12.Octubre.2020

Historias personales

Si me preguntasen en qué momento comencé a ser consciente de que tenía artritis idiopática juvenil, no sabría qué contestar. Tengo ligeros recuerdos de, cuando con dos años, empezaron las caídas y los dolores, las visitas a médicos y las revisiones cada poco tiempo en el Hospital Niño Jesús. También tengo otros recuerdos, como el primer campamento que la Coordinadora Nacional de Artritis, la Sociedad Española de Reumatología y la Liga Reumatológica Española hicieron a primeros de los 2000 en un precioso lugar de Galicia.

Mis padres y mis médicos siempre trataron de que fuera una ‘paciente informada’ y por eso según iba creciendo: sabía qué era mi enfermedad, sabía cuál era mi tratamiento y sus horarios, sabía cuáles eran mis límites físicos… y casi nunca permitía que me dejasen parar. Las cosas me costaban más que al resto de niños y niñas de mi edad, pero no me importaba. Vivía feliz, independientemente de mi enfermedad.

Los años y la adolescencia hicieron más significativas las diferencias con mis compañeros, tanto física como psicológicamente. Yo era una pequeña adulta responsable en el cuerpo de una adolescente con edad del pavo. No me extenderé en detalles, pero llegué a aborrecer los pantalones de pana de lo que me insistían en “ir abrigada”. Fue en ese momento en el que conocí a los actualmente famosos ‘biológicos’, que en aquel momento eran muy raros y novedosos.

La medicación nunca ha sido un problema y muy pocas veces me he saltado una toma, aunque siempre pidiese “cinco minutos más” para pincharme porque me dan miedo las agujas. El problema, por llamarlo de alguna manera, llegó hace dos años, cuando tras varios inactiva, un brote repentino me afectó a varias articulaciones. Entre ellas, las manos. Verme sin la capacidad de siquiera abrocharme un botón o abrir una puerta me afectó sobremanera.

Ese fue el momento en el que decidí que tenía que ser realmente consciente de mi enfermedad. Porque quería cuidarme y sentirme bien y sabía que podía lograrlo.

Así fue como llegué a mi grupo de apoyo y a algunas de las personas más importantes de mi vida. Así fue como tomé las riendas de mi vida. La artritis (sólo) me acompaña.

Virginia Nistal Martínez 

 

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