Tan solo palabras

Imagen de la campaña de la Fundación TTM en la que se ve parte de la cara del hijo de Carlos y se lee: #solo tartamudeo

22.Octubre.2020

Historias personales

A menudo somos condescendientes y compasivos con aquellas personas que nos producen sentimientos de lástima, quizá porque nos hacen sentir incómodos o incapaces de comprender la situación que les hace diferentes a lo que la mayoría consideran la normalidad. En esta sociedad en la que se nos enseña que todo debe ser igual, las notas discordantes no son comprendidas. Sin embargo, entender lo diferente, comprender que a metas similares se llega por distintos caminos debería formar parte de cada ser humano.

Mi hijo tartamudea. Es diferente. Durante un tiempo pensaba que la actitud ante el desafío de hablar con soltura que para él representa comunicar ideas debía ser pasiva, comprensiva, dejando que el tiempo pasase y esperando que volviera a esa normalidad en la que todos nos sentimos cómodos, confortables. ¿Y por qué no probar otro camino sin renunciar a su esencia? Tartamudear es solo un rasgo más de ciertas personas. Les hace diferentes en la forma de comunicar. ¿Por qué no enriquecer esa cualidad permitiendo ser en cada momento lo que uno quiere ser?

Mi hijo es un chico feliz, inquieto, rebelde, cariñoso… y ninguna de estas cualidades se ve alterada por su tartamudez. Él se empeña siempre en decir lo que piensa: en el colegio, con sus amigos, en casa. Puedo imaginármelo dentro de algunos años en el instituto igual de inquieto que en estos días, habiendo aprendido a interiorizar su cualidad. Puedo imaginármelo trabajando en aquello que más le guste sin dificultad para relacionarse. Y al mismo tiempo, puedo imaginármelo en casa siendo el mismo niño que a ratos tartamudea. Siendo en cada momento la persona que él quiera ser.

El camino iniciado de la mano de logopedas especializados está haciendo de él una persona más consciente de sus actitudes, de sus oportunidades, de lo maravilloso que puede ser aprender a controlar su cualidad. Vamos a las sesiones con la logopeda contentos: él de poder tener la oportunidad de progresar en su camino del control de su tartamudez y yo de poder entenderle y ayudarle no solo en esos ratos sino también en casa mediante las actividades que nos proponen. Jugando, aprendiendo y progresando.

En estos últimos meses, hemos tenido un contacto más estrecho con personas que poseen la misma cualidad que mi hijo. Me sorprende cómo expresan sus progresos en la modulación de sus palabras. En algunas ocasiones me pregunto –pero, ¿qué tartamudez? -. Efectivamente, gran parte de los especialistas y profesionales con los que estamos en contacto me comentan que ellos también han pasado por la etapa de mi pequeño. Me quedo atónito, pues solo al cabo de un rato largo, cuando tomamos algo más de confianza, noto que se atrancan en ciertas palabras. Y noto cómo lo hacen sin complejos, casi con alegría, de poder mostrarse tal y como son. Espero que mi hijo pueda ser igual que ellos y que, sin renunciar a su esencia, utilice su cualidad para ser quien quiera ser en cada momento de su vida.

 

 

Carlos Gutiérrez Hita,

padre de un niño con tartamudez

 

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