Una persona normal

Manuel en una foto de grupo

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21 Noviembre, 2022

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Hola, me llamo Manuel, soy de Huelva y tengo 32 años. Nací con espina bífida e hidrocefalia. Hace unos años esta malformación no estaba diagnosticada en los embarazos y desde ese día voy luchando contra todas las barreras que la sociedad impone, como diría el Cholo Simeone partido a partido, poco a poco y siempre ganando.

Cuando hablamos de espina bífida e hidrocefalia nos referimos a una malformación (aunque en mi opinión debería ser considerada ya como enfermedad crónica) del tubo neural. En mi caso me impide andar y me hace ir en silla de ruedas.

La vida en silla de ruedas no es fácil, tenemos que luchar todos los días contra las barreras arquitectónicas. Parece mentira, pero cosas tan simples como acceder a una tienda o pasear por ciertas calles pueden suponer toda una aventura para las personas que vivimos en silla de ruedas. Pero hoy me gustaría explicaros cómo suele ser mi verano.

Como a cualquier persona de mi edad me gusta viajar, ir a la playa y disfrutar del tiempo libre. Para cualquier persona organizar un viaje es un momento feliz, pero a mí a veces me parece toda una odisea. Este verano intenté viajar a Mallorca, un destino que me apetecía mucho por sus playas y sus atardeceres.

Para preparar el viaje, fui a varias agencias bastante conocidas por todos. Al principio todo parecía perfecto: un hotel de cuatro estrellas en una de las mejores playas de la isla. ¿A quién no le apetecería un viaje así? Pero cuando llegó el momento de reservarlo vinieron los problemas. El hotel era increíble, pero tenía una piscina en la que no me podía bañar porque ese gran hotel de cuatro estrellas que dice estar adaptado no cuenta con una grúa para que las personas con problemas de movilidad nos podamos bañar.

La playa también era totalmente inaccesible, el transporte público no era una opción y de las excursiones también era mejor olvidarse. No me podía creer que en estos tiempos todo esto fuera verdad, en uno de los destinos más turísticos del país, pero era cierto. Llamé a todas las empresas de excursiones de la isla y no había ni una sola opción accesible. Me encontré con un viaje en el que no podía hacer absolutamente nada y finalmente tuve que descartar la opción de poder disfrutar de este destino.

Tras la decepción del viaje decidí quedarme en las playas del litoral onubense que cuenta con lugares increíbles como Isla Canela, Mazagón. Matalascañas, Punta Umbría. Playas en las que puedes hacer muchísimos planes como dar un paseo en barco, rutas en kayak o pasar una tarde en cualquier chiringuito.  Pero cuando se está en silla de ruedas no tienes la opción de elegir en que playa te gustaría pasar un gran día.

Gracias a Cruz Roja y su programa Un baño sin barreras, puedo disfrutar de la playa, un tiempo limitado, eso sí, porque son tan solo dos días a la semana durante dos horas.

Los ayuntamientos recaudan bastante dinero durante el verano con todos sus impuestos, pero poco invierten en hacer sus playas accesibles para todos. Desde aquí me gustaría decirle al Ayuntamiento de Punta Umbría que me encantaría tomarme una cerveza en ‘El Mosquito’ y al Ayuntamiento de Palos de la Frontera que me encantaría pasar un día de playa en el Parador. Espero poder hacerlo el año que viene.

Me encantaría poder disfrutar de estas simples actividades como cualquier otra persona, porque soy positivo y me veo como una persona "normal", que es lo que somos todas y todos los que tenemos espina bífida e hidrocefalia.

 

Manuel

 

 

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