He aprendido a vivir cada día

Foto de Sonia

comunicacion

31 Octubre, 2023

Historias personales

0 comentarios

744 visualizaciones

Soy Sonia y tuve un ictus por una aneurisma cerebral en abril de 2019 cuando tenía 39 años. El 90% de los ictus son prevenibles con hábitos de vida saludables. Mi ictus entraba dentro del 10% restante debido a malformaciones congénitas o trastornos sanguíneos, pero yo me encargué de aderezarlo con el tabaco, el estrés y una vida sedentaria.

Cuando me pasó, estaba acompañada por mi novio que avisó al 112 inmediatamente. Tardaron poco tiempo en llegar y eso fue lo que me salvó la vida, permitiendo llevar una vida autónoma a pesar de mis secuelas. Es muy importante activar el Código Ictus lo más rápido posible para que el hospital al que te lleven esté preparado para atenderte a tu llegada. El tiempo es clave para sobrevivir a un ictus y disminuir las diferentes secuelas.

Cuando me pasó, estuve en coma 33 días. El día que me despertaron, yo no entendía nada. Me dijeron que había tenido un derrame cerebral. Mi familia, mi novio y mis amigos estaban felices y eso aún me descolocaba más. ¿No se habían dado cuenta que no movía la parte derecha de mi cuerpo y no podía hablar? Lo que para mí había sido un segundo dormida, para ellos había sido una eternidad esperando a que me despertara.

Cuando salí del hospital, me fui a vivir a casa de mis padres. Fue un momento muy duro porque yo llevaba desde los 20 años fuera de casa.  Ellos me cuidaron protegiéndome mucho. Por las tardes venía mi novio a verme y nos íbamos al parque a aprender a sumar y restar de nuevo.

Comencé mi rehabilitación al día siguiente de salir del hospital. Con esta enfermedad es clave iniciar cuanto antes una rehabilitación en un centro especializado de Daño Cerebral para intentar recuperar tus capacidades anteriores.

Tuve la suerte de tener una plaza en el CEADAC (Centro Estatal de Referencia de Daño Cerebral), descubriendo otra realidad del ictus. Yo pensaba que era una enfermedad de ‘mayores’, pero allí coincidí con mucha gente joven. De hecho, el 35% de las personas que hemos sufrido un ictus estamos en edad laboral.

Para mí la clave ha sido no parar, mantenerme activa, no rendirme, descansar las horas que te pida el cuerpo, celebrar los pequeños logros. Permitirme tener un mal día para resurgir más fuerte al día siguiente. Un neuropsicólogo del centro donde voy ahora me dijo que un paciente que tiene un ictus aprende igual que un niño de los dos a los cinco años. A parte de aprender de nuevo a leer, sumar y restar, hablar y un largo etcétera de tareas, he aprendido a vivir cada día, a disfrutar como si no hubiera un mañana y a que yo puedo con todo. 

Ahora, cuando han pasado casi cinco años de mi ictus, me siento muy afortunada con lo que he conseguido: he recuperado el habla (hay veces que me encasquillo, pero no pasa nada), mi memoria y atención han mejorado mucho. Solo me queda la mano, que va un poco más lenta pero sigue mejorando, así que no pierdo la esperanza...

Después de aceptar que no podía volver a ser la de antes lo mejor ha sido mi reinvención. Ahora colaboro con la Fundación de Freno al ICTUS con un proyecto que se llama ‘GUIAR en Daño Cerebral’, que ayuda al afectado y a su familia a buscar recursos públicos.

 También me he casado y hace dos meses he tenido un bebé, Martina LEONA.

Hay vida después de un ictus…

 

Sonia González

 

Compartir

Entradas relacionadas