Del margen al protagonista de la historia: oportunidades de la experiencia inmersiva ‘De Grumete a Capitán: en busca del tesoro perdido’
Durante mucho tiempo se ha hablado del Trastorno del Espectro Autista (TEA) desde fuera. Desde la etiqueta, desde el diagnóstico, desde la carencia. Se ha descrito lo que falta, lo que no aparece, lo que se sale de la norma. Sin embargo, la pregunta importante no es qué no pueden hacer las personas con TEA, sino qué ocurre cuando el entorno no está preparado para escucharlas.
La comunicación es un eje central de la vida social. Cuando se ve limitada -de manera verbal, no verbal o socioemocional-, no solo se dificulta el aprendizaje, sino también la inclusión real. Muchas personas con TEA se enfrentan a contextos educativos rígidos con propuestas repetitivas y descontextualizadas, pensadas desde una única forma de comunicar y aprender. Con frecuencia, el problema no está en la persona, sino en un sistema que no sabe -o no quiere- adaptarse, porque hablar de inclusión no es solo hablar de acceso: es hablar de pertenencia.
Desde esta convicción surge la apuesta por diseñar juegos educativos inmersivos, eje central de esta tesis doctoral dirigida por M.ª Esther del Moral Pérez y Jonathan Castañeda Fernández. Asumir un rol, avanzar en una misión o superar un reto trasciende lo lúdico: les hace sentirse parte de una historia. La narrativa crea un marco común: ofrece coherencia, continuidad y propósito. El alumnado no solo completa tareas, sino que se involucra, anticipa y desea continuar. Para el alumnado con TEA, esta estructura resulta especialmente valiosa, pues aporta seguridad, previsibilidad e invita a la participación.
En el juego diseñado, titulado ‘De grumete a Capitán: en busca del tesoro perdido’ (*), el alumnado es el protagonista de una aventura pirata. Cada misión plantea retos orientados al desarrollo del lenguaje y la identificación emocional. Se testeó con 54 estudiantes de entre 3 y 17 años de tres centros públicos de Educación Especial asturianos: Latores (Oviedo), Castiello de Bernueces (Gijón) y Juan Luis Prada (Langreo). Mejoraron sus habilidades comunicativas, independientemente del grado de TEA, la edad o el tipo de lenguaje, confirmando que los contextos accesibles y motivadores reducen barreras y amplían oportunidades.
La investigación en este ámbito nos impulsa a repensar cómo enseñamos, evaluamos y acompañamos a las personas con TEA a lo largo de su desarrollo. Nos recuerda que cuando el conocimiento se pone al servicio de las personas, puede convertirse en una herramienta profundamente transformadora.
(*) Tráiler en el que se ven imágenes del juego
Nerea López Bouzas
Doctora en Educación y Psicología
por la Universidad de Oviedo
Grupo de Investigación “Tecn@:
Tecnología y Aprendizaje”

