Dar a un niño la ayuda que merece

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08 Noviembre, 2023

Historias personales

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Las Líneas de Ayuda de la Fundación ANAR tienen un alcance y un impacto en la vida de miles de niños y adolescentes del que a veces, como psicólogos y orientadores, no somos conscientes. Podemos tener una cantidad estimada de a cuántas personas atendemos, pero los números se quedan cortos cuando realmente analizamos cómo una simple petición de ayuda puede cambiar la vida de un menor de edad.

Y es que el apoyo que ofrecemos a través de alguna de nuestras líneas de ayuda puede significar que un chico o chica cuente por primera vez el maltrato que sufre por parte de sus padres, que una niña comprenda cómo las autolesiones encubren todo el dolor emocional que siente, que un padre reciba orientaciones de cómo ayudar a su hijo o hija que sufre acoso escolar, que un niño reconozca que quitarse la vida no es la solución a su sufrimiento, que un profesor reciba orientaciones sobre qué hacer cuando su estudiante le confiesa que ha sufrido agresión sexual, que un adolescente se sienta comprendido... Estos son solo algunos de los ejemplos de las muchísimas conversaciones que podemos tener en un solo día, conversaciones que pueden marcar un antes y un después en la vida de las personas que nos contactan.

Y, como psicóloga orientadora, sé que cuando te detienes a reflexionar sobre esto, te vuelves consciente de que lo que hacemos es realmente importante, es lo que puede determinar si un menor de edad recibe la ayuda que merece y necesita.

Es una experiencia muy gratificante que te respondan con un “gracias” y un “volveré a contactar porque me has ayudado mucho”.

No solo estamos gestionando las peticiones de ayuda de menores de edad que quizá, por primera vez, se atreven a contar lo que les pasa; también se trata de acoger su dolor, su trauma, su desconfianza, su rabia, su desesperanza, su miedo. Es hablar con menores de edad que han sufrido tanto que no se atreven a imaginarse en una mejor situación; es encontrarse con niños, niñas y adolescentes que consideran que tienen la vida que merecen, aunque no sean culpables de la realidad que viven.

Se trata también de ir un poco más allá de contactar con nosotros. Sentimos que de nada serviría dejarlo todo en una petición de ayuda. Queremos que la ayuda se extienda todo lo posible y que los niños, niñas y adolescentes puedan entender su problema, mejorar su situación y recibir una ayuda integral. Se trata de conectar a los profesionales especializados con estos menores de edad y con sus familias. 

Es por esto que lo que hacemos desde las Líneas de Ayuda de ANAR es tan necesario y vital: proponerle a los menores de edad que sí hay una alternativa a sus problemas, que sí hay una luz al final del túnel y, aunque no sea un camino fácil a lo largo de este, no van a tener que recorrerlo solos, sino que cuentan con el apoyo de la Fundación ANAR para alcanzar el bienestar y ‘la luz’ que buscan.

Oriana Forgione,

supervisora de las Líneas de Ayuda

de la Fundación ANAR.

 

 

 

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